Cuando se habla de dominación femenina, muchas personas imaginan poder, control y entrega. Sin embargo, lo que no siempre se ve —y lo que realmente sostiene cualquier dinámica femdom— es el consentimiento. No como un simple “sí”, sino como un acuerdo consciente, continuo y profundamente respetado.
En el BDSM, el consentimiento no es un trámite previo: es un diálogo constante. Implica comprender qué se desea explorar, qué no, y cómo se gestionan los cambios que pueden surgir con el tiempo.
Un consentimiento sano se construye desde la comunicación clara, la escucha activa y la ausencia total de presión. No basta con conocer los límites; es esencial entender por qué existen y respetarlos incluso cuando no están siendo nombrados en ese momento.
El consentimiento no ancla una sesión a un guión predecible, permite la improvisación, pero dentro de un marco que mantiene la armonía y la seguridad emocional de ambas partes.
Reflexionar sobre el consentimiento es reflexionar sobre el cuidado mutuo. Si este tema resuena contigo, te invito a compartir tu experiencia o a explorar otros artículos donde profundizamos en dinámicas conscientes y respetuosas dentro del femdom.